La Cachilo – Biblioteca Popular

Archive for marzo 2007

“Algunas personas piensan que de las cosas malas y tristes es mejor olvidarse. Otras personas creemos que recordar es bueno; que hay cosas malas y tristes que no van a volver a suceder precisamente por eso, porque nos acordamos de ellas, porque no las echamos fuera de nuestra memoria”.

Graciela Montes
“El Golpe y los chicos”

Cuenta Eduardo Galeano que en la tradición indígena americana cuando el maestro alfarero va a dejar el oficio porque ya las manos le tiemblan y los ojos ven poco, entrega en una ceremonia su vasija mejor, su obra maestra, al alfarero joven que empieza. El aprendiz recibe esa vasija perfecta y la revienta contra el piso en mil pedacitos. Luego recoge los pequeños fragmentos y los incorpora a su propia arcilla. Ésa es la memoria viva; la que nos alimenta y nos prepara para continuar el camino.
Este mes de marzo renueva los dolores: libros y seres humanos desaparecidos, voces acalladas, quemadas en la hoguera. Pero, como los pedacitos de arcilla, todas esas voces están mezcladas entre nosotros y nos animan a seguir caminando o pedaleando, esperanzados, a no dejar caer las banderas, a recuperar los espacios públicos para decir, para hacer, para crear, para expresarnos.
Por eso, el 24 de marzo, la Biblioteca Cachilo se pobló de voces del barrio y de libros censurados y desaparecidos que no morirán jamás, porque ahora todos lo sabemos. Se pobló de niños y madres y padres y abuelos que disfrutaron de escuchar a los cuenteros narrarlos a viva voz. Los más chicos jugaron con los cubos en torre. Los más grandes pudieron tenerlos en sus manos, jugar con ellos, leerlos, olerlos, saborearlos… Pero, las voces no se quedaron allí, salieron al aire libre.

Libros que muerdan

En la novela “El fin de la historia”, la escritora argentina Liliana Heker relata un fragmento del diálogo entre un torturador y una prisionera:“Explíqueme si puede por qué todos leen. En todas las casas a donde entramos… -se interrumpe, con un gesto casi demente señala un lugar invisible, a su izquierda-. ¿Sabe lo que hay allí? Libros, miles de libros, se necesitaría un superhombre para clasificarlos, para descubrir qué les hicieron esos libros, por qué les ensuciaron la cabeza de esta manera. ¡Qué encontraron allí que les llevó a querer destruirnos la Patria!”
A través de estos personajes relata una de las tantas escenas que se han repetido en los años de dictadura Argentina, 1976-1983. Los torturadores, los que impregnados de violencia arrasaban con vidas, aquellos que se creían fuertes porque tenían el poder y lo usaban impunemente, temían a los libros y les echaban a ellos la culpa de todo. Y quemaron libros. Los apilaban en sitios alejados y los hacían arder, creyendo que con eso borrarían su contenido. Tenían miedo de leerlos y tenían miedo de que se leyeran y le atribuían así un poder a las letras que ellos no tenían, aún teniendo armas.
Durante la época del gobierno militar argentino, dentro del Ministerio de Educación había una “Comisión de Textos” que realizaba “listas de libros recomendados” y censuraba aquellos que consideraba peligrosos.
Por fortuna, el libro sobrevivió y no sólo ése. Hicieron de todo para exterminar la cultura; prohibieron los textos que hablaban de libertad, ingresaron armados hasta los dientes en muchas editoriales y las clausuraban, hicieron fogatas con las obras que consideraban peligrosas; quisieron aniquilar la creación; sin embargo no pudieron.

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Christian Ferrer escribe: “Los libros viven. Tienen corazón, cobran vida. Los libros disponen sus cubiertas ante el lector abriéndolas como fauces o dejan que sus páginas restallen con rápida risita socarrona… A veces los libros se derrumban solos de las bibliotecas, como si alguna bala perdida diera cuenta de su historia y así abandonan la trinchera donde, lomo con lomo, libran su guerra elocuente contra el olvido. Además, los libros suelen cambiar de lugar, o se esconden, o se pudren. Y amenazan a las paredes con sus hongos. En fin, los libros tienen un mundo propio y escasamente explorado, pero por el momento bastará con proponer que los libros, además ‘de morder’, también suelen ser mordidos por los lectores.”
Sin embargo un viejo proverbio dice que “Los libros no muerden”. Pero, ¿verdaderamente no muerden? Cuando un libro muerde ya no pueden manipular a ese lector. Cuando un libro muerde se comienza a pensar y eso es peligroso para los que creen que los libros no muerden. Cuando un libro muerde el miedo desaparece. ¿Por qué el miedo a que muerdan los libros? ¿Qué mejor que un libro te muerda?

Si querés leer más, podés acceder a los siguientes artículos:
“Un golpe a los libros”

“El golpe y los chicos”

Un libro siempre habla con voz del lirio.
Dolor.
Amor.
Hombre pena.
Sangre y arena.

Cachilo

Sus escritos viven. Para aquellos que leen las calles mientras caminan y se paran a mirar los detalles que ofrece aquella ciudad que grita desde las paredes, Cachilo vive. Fue un hombre que se animó a elegir, que se animó a ser su propia elección. Las tizas y las ceritas de colores fueron sus armas, las palabras sus balas.
Eligió ser una nueva persona a los 50 años, eligió las calles, las paredes y dejó atrás una vida y su nombre, Higinio Maltaneres, que prefirió olvidar, nadie sabe bien por qué.

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Siempre tenía tizas y ceritas en sus manos. Escribía, pintaba y dibujaba en las paredes de Rosario. Vagaba, de un lado a otro, libre como un pájaro, como un “cachilo”, nombre que decidió adoptar: “Nombre de pájaro. Somos cantores, somos poetas, Cachilo, por los pajaritos chiquitos que hay acá. ¿Viste? Tienen barbita”
Escribía sobre cosas muy diversas. Los graffitis del poeta eran inconfundibles, originales y sorprendentes a pesar de que pocas veces firmaba de la misma forma.
Los años pasaron para Cachilo, Doce fueron los que vivió a la intemperie. Las ceritas y las tizas se gastaban y se cambiaban día a día, hasta que el 4 de octubre de 1991 pintaron sus últimas palabras en los macetones de calle Sarmiento al 400:
“Cadáver resto, perdone si molesto”.

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¡Hola! Viajando por el espacio también nos encontramos.
Estamos acá, a la vuelta, en el oeste rosarino, en una hermosa casa que siempre te invita a entrar.
Si no me creés, mirá

 

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Somos parte del Centro de Educación, Comunicación y Biblioteca Popular. Hace ya 18 años, vecinos e instituciones del barrio, decidimos desarrollar un medio de comunicación que reflejara nuestra vida, necesidades y los sueños de una sociedad más solidaria y justa. Y allí está Aire Libre, radio comunitaria -FM 91.3 . En el 2000, empezamos a concretar otro sueño: construir, acumular libros, organizar un nuevo espacio. Así nació la Biblioteca Popular Cachilo.

 

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Hoy la biblioteca está crecida: brinda un servicio a toda la comunidad: préstamos (más de 10.500 títulos; entre los que se destacan comunicación y educación popular; y literatura infanto- juvenil ; también CDs multimedia, videos); sala de lectura con estanterías abiertas y servicio informático, rincón infantil, espacio de juego, actividades de promoción de lectura; cursos, talleres, espectáculos, cine y presentaciones, narración de cuentos; visitas guiadas con propuestas pedagógicas para escuelas y el boletín “Un cachilo de novedades” . El grupo de narradores orales, “Los cuenteros de la Cachilo”, llevan historias y libros en valija, a otros espacios como escuelas, clubes, geriátricos, calles y plazas.

 

 

Deseamos que este centro sirva para poner al alcance de todos la radio, los libros, la música, el arte, la cultura; que nos ayude a crecer como comunidad, que nos permita levantar la mirada de nuestra cotidianeidad, crearnos, recrearnos y permitirnos encontrarnos para volver a soñar.

¿Cómo Funciona?

•Podés asociarte solo o con tu grupo familiar (los chicos, bajo la responsabilidad de un adulto)
•Podés hacer uso de todos los servicios: sala de lectura, acceso a Internet, préstamos a domicilio. Orientación y recomendaciones de acuerdo a sus intereses y necesidades.
•Podés participar en talleres creativos y actividades culturales , animación a la lectura (contamos cuentos, jugamos, miramos bellos libros, inventamos, creamos).

Horario de Atención Cachilo:
Lunes a viernes 17 a 20 hs / Sábado de 10 a 13 hs
Virasoro 5606- Rosario- Argentina
Tel/fax: (0341) 4325261
biblioteca@airelibre.org.ar

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