La tradecita veraniega nos encontró en una esquina del barrio, invitados por una vecina.
Los banderines coloridos y la cachila parada en la vereda invitaban a un encuentro. Allí se congregaron mas de 30 niños, abuelas, mamás y la anfitriona, que emocionada, nos regalo chupetines mientras leíamos.
Un taller que giró alrededor de las transformaciones y cambios, nos permitió habilitar un espacio social de lectura que, amén del ruido callejero, pudimos disfrutar. A tal punto que cuando un papá vino a buscar a una nina pequeña, lloraba gritando “quiero estar en el cumpleaños de los cuentos”.
Momentos y caras quedan registrados en las instantáneas. El gozo nos lo llevamos puesto.
La cachilo, entre transformaciones y narices
Diciembre 31, 2008 · Dejar un comentario
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